Sistema inmune y la autoinmunidad


Francisco Javier Muñoz Vico

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada, y Doctor en Medicina por la misma universidad. Especialista en Inmunología en el Hospital Virgen de las Nieves de Granada. En la actualidad es Responsable de la Unidad de Inmunología, Servicio de Biotecnología del Hospital Torrecárdenas de Almería. Experto Universitario en Acupuntura (Universidad de Granada). Experto Universitario en Epidemiología e Investigación Clínica (Escuela Andaluza de Salud Pública). Máster en Bioética (Facultad de Teología de Granada). Ha recibido varios cursos de Inmunología, Metodología de la Investigación y Estadística y Bioética, así como ha participado como ponente en eventos relacionados con dichos campos. Cuenta con varias decenas de publicaciones y comunicaciones a congresos.

Ponencia

SISTEMA INMUNE Y AUTOINMUNIDAD

El sistema inmune es un complejo sistema presente en todos los rincones de nuestro organismo que tiene tres funciones fundamentales: reconocer agentes patógenos, responder a ellos y recordar estas respuestas para enfrentarse con más eficacia a una nueva agresión por parte del mismo agente.

Está estructurado en dos niveles: sistema inmune innato y adquirido.  El sistema inmune innato es aquel con el que se nace, no es específico y no tiene memoria; esto quiere decir que el sistema reacciona igual sea cual sea el agente o microorganismo inductor, e independientemente de que haya estado previamente en contacto con él o no.  Incluye por una parte las barreras defensivas naturales, como la piel, lágrimas, jugo gástrico, flora microbiana, etc. y por otra la reacción inflamatoria y la fiebre, en la que están implicados células y moléculas sanguíneas.  Aquí también se encuadrarían las células NK, células muy agresivas que atacan células infectadas y  tumorales.

Un tipo de células del sistema inmune innato, las células dendríticas y los monocitos, son los responsables de captar microorganismos potencialmente dañinos mediante la fagocitosis; a continuación los digieren y presentan fragmentos de los mismos a las células del sistema inmune adquirido (los linfocitos) junto a unas moléculas llamadas de histocompatibilidad, que sirven de “tarjeta identificativa” entre células del mismo individuo.  De esta manera se pone en marcha la reacción inmunológica adquirida, específica y con memoria

La respuesta adquirida está integrada por dos brazos.  Por un lado tenemos a los linfocitos B, que dan lugar a la llamada “inmunidad humoral”, ya que son capaces de producir anticuerpos que circulan por nuestro organismo; son los responsables de la protección que nos confieren las vacunas.  Por otro lado, los linfocitos T que grosso modo se dividen a su vez en dos tipos: los T cooperadores, que organizan la respuesta inmune específica, y los T citotóxicos, responsables de eliminar de forma directa células infectadas o tumorales (“inmunidad celular”).  Cuando un agente ataca al organismo, estas células se multiplican y se activan para eliminarlo, y una vez que lo han conseguido, quedan algunas células T y B de memoria que se reactivan en caso de que dicho agente vuelva a ponerse en contacto con ellas.

Si bien el sistema inmune está diseñado para protegernos de agentes externos potencialmente peligrosos, en ocasiones su funcionamiento se distorsiona y dirige su actividad a tejidos y células propios.  Este fenómeno se conoce como Autoinmunidad, y se asocia a multitud de enfermedades, que pueden afectar a cualquier órgano o aparato.  Algunas de ellas son específicas de determinados órganos, como la tiroiditis, diabetes mellitus tipo I, o la celiaquía, por poner sólo unos pocos ejemplos.  En otras, por el contrarios, son muchos órganos los que pueden verse dañados, ya que comprometen el tejido conectivo, presente en todo nuestro organismo; de ahí que también se les conozca como “conectivopatías”.  Entre ellas figuran algunas enfermedades muy conocidas como el lupus eritematoso, artritis reumatoide, esclerosis sistémica, etc, que causan gran morbilidad y acortan sustancialmente la vida.  Los tratamientos para estas enfermedades están encaminados a restablecer  el equilibrio del sistema inmune, reduciendo su activación y evitando el daño tisular.